miércoles, mayo 24, 2017

Reseña: The Innocents (1961)

Teníamos una deuda pendiente desde hace ya casi una década, y es que The Innocents (1961) debió haber sido reseñada hace mucho tiempo por una infinidad de razones. La primera de ellas es que su popularidad ha llegado a convertirla en una referencia incluso para aquellos que nunca se han acercado a la novela de Henry James en la que se basa, Otra vuelta de tuerca. Aquellos que sí lo hayan hecho coincidirán conmigo en que se trata de una adaptación relativamente fiel, aunque el argumento y los diálogos siguen mucho más de cerca a la adaptación para teatro escrita por el británico William Archibald, que es de donde proviene el título de la película en inglés. Aquel que le pusieron en castellano, Suspense, nunca me ha gustado mucho.

Al igual que en la novela de Henry James, una mujer viaja a una enorme mansión donde deberá trabajar de institutriz para dos niños marcados por un padre ausente y una siniestra historia acerca de los antiguos sirvientes de la casa. Ya desde el principio la película funciona gracias a su espectacular atmósfra con esa enorme casa (una locación real) aprovechada de forma muy eficiente por el director de fotografía Freddie Francis, con largos planos sosteidos carentes de todo efectismo Gran parte de este ambiente viene dado también por las actuaciones, no sólo de la protagonista Deborah Kerr sino también de los niños, en especial de joven Martin Stephens, a quien ya conocemos de la versión original de El pueblo de los malditos (1960). La presencia de Kerr (una de las actrices británicas más conocidas de los años cincuenta) le da cierto aire de legitimidad a la película, pero su argumento y ambiente son de auténtico cine de terror, muy en la línea del estilo que el cine británico mantiene incluso hoy en día.

Lo cierto es que la importancia de The Innocents no radica sólo en su muy buen manejo del miedo y lo genuinamente inquietante de su ambiente ya que después de todo, para 1961 ya el género de casas embrujadas y terror gótico estaba más que asentado. Pero fue esta película, junto con la americana The Haunting (1963) una de aquellas obras que ayudó a dar prestigio a las historias de caseríos oscuros habitados por fantasmas, alejando a este tipo de cine de aquellos trabajos más dados a la explotación y al horror explícito. De hecho, uno de los principales objetivos del director Jack Clayton fue hacer todo lo posible para alejar a su película del estilo y la estética de los trabajos de terror gótico de la Hammer Films, que en aquel momento eran muy populares. Como ya mencionaba arriba, los personajes de los niños son probablemente lo mejor, y es sorprendente descubrir que la película no huye de mostrar aquellos temas sensibles que precisamente por el hecho de incluir niños son considerados un tabú cinematográfico: al igual que en la novela en la que se basa, esta adaptación ostenta un subtexto de perversión y de sexualidad malsana que está presente en todo momento tanto en la reprimida institutriz protagonista como en los muy dañados niños que tiene que cuidar.

Así que entre la lista de clásicos del terror que siempre se mencionan a la hora de hablar de cine de miedo fundacional, esta es una cuya fama está más que justificada. Su origen literario y su negativa a rendirse a golpes de efecto que hoy en día son un lugar común puede hacer dudar a algunos, pero vale la pena ya que resulta todavía superior a la mayor parte de historias de casas embrujadas que vinieron después. La novela de Henry James ha sido adaptada en muchas ocasiones, y su influencia se deja ver también en otras historias muy similares como Los otros (2001) de Alejandro Amenábar, pero esta sigue siendo la mejor que se ha hecho y una de esas infaltables que de vez en cuando rescatamos aquí.

1 comentario:

Andres Peñafiel dijo...

Pues la película en realidad no se ve interesante para que se puede volver hacer el proyecto solo que mejoren el terror en estos días que es mas con efectos...