miércoles, marzo 11, 2015

Reseña: The Eye 2 (2004)

Siguiendo con mi actual tendencia de recuperar secuelas desdeñadas en su momento, toca hoy hablar de The Eye 2 (2004), con más de una década de retraso pero confirmando lo que siempre he sostenido, y es que hablar de estrenos recientes es algo que cada vez me interesa menos. Lo que sí siento que debo recordar a todos es mi opinión personal (e intransferible) de la primera The Eye (2002); en caso de no querer acercarse a aquella antiquísima reseña, os recuerdo que la película original nunca ha sido una de mis favoritas. Es innegable que aquella cinta que lanzó a la fama a los hermanos Pang resultó ser un gran éxito y una de las obras más reconocibles de la ola de terror asiático que invadió Occidente durante los primeros años de la década pasada, pero a falta de un nuevo visionado insisto en que es una película a la que se le dio mucho más bombo del que merecía. Esta segunda parte, dirigida nuevamente por los hermanos, se estrenó en 2004, es decir, cuando la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo y también cuando nos empezó a llegar un gran número de trabajos inferiores destinados únicamente a suplir nuestra insaciable demanda. La película de hoy es buen ejemplo de ello.

Partamos de la idea de que tanto el título de la película como su conexión con la cinta anterior de los Pang es completamente arbitraria; en esta ocasión el ojo no tiene que ver con el fenómeno a tratar, sino que más bien se trata de una chica que sobrevive a un intento de suicidio y comienza de repente a ver fantasmas, uno de los cuales parece tener una gran obsesión con el bebé que lleva dentro de su cuerpo. Como vemos, la historia es completamente distinta, aunque sí se mantiene un poco el tema del contacto con lo sobrenatural y cierta explotación del carácter exótico de su argumento al introducir temáticas del budismo de una forma francamente un tanto superficial. Fieles a una constante en prácticamente toda su filmografía, los Pang realzan una dualidad cultural entre Hong Kong y Tailandia, aunque no de forma tan marcada como en otras películas suyas. Curiosamente, no hay casi trama de investigación sino más bien un énfasis en el sufrimiento de esta pobre chica al tener que lidiar con los fantasmas en su vida cotidiana. De hecho es sólo muy cerca del final cuando se da una explicación al fenómeno, y por desgracia lo hace a través de la resolución de un melodrama mundano y vulgar que me pareció no sólo muy pobre sino además dotado de una condescendencia misógina sonrojante.

La inclusión de este melodrama amoroso es algo que confieso me descolocó mucho porque no me lo esperaba en ningún momento, pero por otro lado es cierto que, extrañamente, esta secuela es muy parca en auténtico horror. A pesar de que no me parece ninguna obra maestra, la primera The Eye al menos ponía más empeño en contar una historia interesante y tenía algunas secuencias de miedo auténticas como aquella escena del ascensor. En esta segunda parte no hay nada de eso, y los sustos fáciles muchas veces se ven acompañados de unos efectos especiales muy pobres y un CGI destinado a realzar situaciones antinaturales como por ejemplo reflejar de forma perfecta la cara de la actriz en un suelo mojado o sacar caras fantasmales en una ecografía abdominal. Asimismo el desenlace es quizás lo peor de todo, cuando la cinta cae incluso en comedia involuntaria al mostrar la curiosa lucha entre la protagonista y el fantasma que la acosa. 

Es verdad que no me esperaba gran cosa, pero nunca pensé que me decepcionaría tanto al ver The Eye 2. Es en verdad una secuela muy débil y una cinta muy por debajo de los estándares de los hermanos Pang, quienes han tenido obras mucho más interesantes. Lo peor es que esta saga de fantasmas tiene dos secuelas más que también veré y comentaré aquí, porque ese es el tipo de persona que soy. A lo mejor va siendo hora de volver a ver la original y comprobar si mi opinión sobre ella no habrá cambiado en todos estos años.

1 comentario:

Itsuki001 dijo...

Pues si para mi fue una gran decepción, pero en mi humilde opinión la primera me pareció muy buena.