domingo, octubre 13, 2013

Reseña: Red State (2011)

Probablemente ya conocida por la mayoría de quienes lean estas líneas, Red State (2011) fue en su momento la apuesta del director Kevin Smith por explorar géneros nuevos en su filmografía y al mismo tiempo regresar a aquellas producciones modestas e independientes que le hicieron famoso como cineasta tras una serie de tropiezos de taquilla y crítica en el cine comercial. Recuerdo que cuando la vi por primera vez no me convenció mucho, e incluso ahora a más de dos años de su estreno todavía encuentro sobre ella opiniones muy polarizadas, que la clasifican como una de las mejores películas de Kevin Smith o como una inmensa tomadura de pelo, dependiendo de quién escriba la reseña.

El rechazo hacia la película por parte del público probablemente tenga su raíz en el hecho de que el material publicitario de Red State intentó venderla como una película de terror más convencional y explícita de lo que terminó siendo. En vez de eso estamos ante un muy sobrio aunque en ocasiones grotesco drama de una congregación de fanáticos cristianos de un pequeño pueblo en la América profunda (en uno de esos "estados rojos", llamados así porque estas sociedades habitualmente conservadoras y rurales suelen ser habitual feudo del Partido Republicano, normalmente identificable con este color) que comete una serie de asesinatos inspirados por la escalofriante figura de su reverendo. El carácter consanguíneo de esta congregación y su declarado odio hacia los homosexuales les delatan como una muy poco disimulada puya hacia la Iglesia Bautista de Westboro, y el escaso efectismo estético (del que quizás el detalle más destacable sea la ausencia de una banda sonora atmosférica) hacen de esta una cinta destinada a despertar polémica con el siempre espinoso tema de la religión en la sociedad americana, un discurso que está por encima de unos componentes de terror que se limitan a la primera mitad del metraje.

Tras el tiempo que he pasado sin verla sigo sosteniendo que esa primera mitad, en la que asistimos a los ritos y la cotidianidad de la secta, es sumamente intensa y atrapa al espectador de forma inmediata. Esto se consigue no sólo gracias a la excelente recreación que consigue Smith sino también por la soberbia actuación de un inmenso Michael Parks como el reverendo líder de la secta, quien realmente se echa la película sobre los hombros. La segunda mitad del metraje, en la que estalla la confrontación entre los miembros de la iglesia y las fuerzas del orden, parece cambiar por completo el tono y cambiar el tema de la intolerancia religiosa por el del culto a las armas en los Estados Unidos, temas que Kevin Smith parece querer vincular a como de lugar pero que a mí por lo menos hizo que la película me interesara menos y perdiera gran parte del atractivo que había conseguido.

Curioso también el desenlace que Kevin Smith reserva para la película, uno que en un principio sorprende pero que al final termina formando parte de esa escasa espectacularidad de la que la cinta está dotada. Si quien lee estas líneas no se ha acercado todavía a Red State, le recomiendo que lo haga teniendo en cuenta que el componente de terror es muy poco y que este se ve sustituido por un subtexto de sátira social a una problemática muy americana con la que será difícil enlazar si se desconoce la realidad de ese país. Sin embargo, y aunque sigue sin entusiasmarme tanto como a otras personas, considero que es una película muy interesante que tiene la ventaja de ser distinta a casi todo lo que ha hecho Kevin Smith hasta la fecha, además que toda la primera mitad y su recreación del paletismo moderno y de la religión como foco de ignorancia consigue secuencias realmente inquietantes y dignas de ese terror que gira en torno a sectas y rechazo voluntario a la civilización. Sólo por eso ya vale la pena.