miércoles, mayo 15, 2013

Reseña: El ejército de las tinieblas (1992)

Hablar a estas alturas de El ejército de las tinieblas (1992) es un riesgo; de todas las películas de Sam Raimi es probablemente la que ostenta el culto más desaforado, hasta el punto de que ya se pasa por alto incluso el hecho de que se trata de la tercera parte de The Evil Dead (1981). Dicha omisión no es de extrañar, puesto que si la primera película de la saga era una historia de terror y la segunda una comedia de horror bastante equilibrada, esta tercera entrega es una comedia fantástica al cien por cien construída como una cinta de aventuras alrededor del fenómeno de Bruce Campbell, el actor que da vida a un Ash Williams atrapado en el tiempo y luchando contra los demonios kandarianos al tiempo que busca desesperadamente la forma de volver a casa.

Como es de esperarse, el recurso del viaje en el tiempo (y en el espacio, al estar ambientada en un contexto europeo) hace que esta película sea más deudora de un cine de aventuras de corte juvenil alejado de las truculencias de la primera película, y aunque en gran medida se han dejado de lado también las extravagancias surrealistas de las que hacía gala la segunda parte, no quiere decir esto que Raimi y los suyos se hayan descuidado en cuanto a las penurias por las que tiene que pasar el pobre Ash en sus aventuras, desde el enfrentamiento contra una multitud de versiones en miniatura de sí mismo hasta la aparición de un villano central en la forma de un Ash "malvado" (también interpretado por Bruce Campbell) que protagoniza algunos de los mejores momentos de la cinta. Eso y por supuesto la inolvidable secuencia del cementerio con el ejército de esqueletos guerreros, puestos allí como una concesión a la general ligereza de la película (para no poner cadáveres reanimados), es verdad, pero también como una indudable referencia a las criaturas de Ray Harryhausen en Jasón y los argonautas (1963).

Pero si la película funciona es, nuevamente, por Bruce Campbell en el papel de Ash. Más aún que en la segunda parte, esta tercera entrega es una cinta basada casi por completo en la performántica de su actor principal, tanto que por momentos parece que todo su trabajo fuese genuinamente improvisado. Es imposible imaginarse a otro actor en el papel, y me pregunto una vez más cómo es que Campbell no consiguió despegar como estrella en el mainstream a pesar de trabajos como el de esta película. Aquí Bruce Campbell y Raimi llevan hasta el extremo su predilección por el slapstick y las bufonadas caricaturescas, renunciando al horror pero consiguiendo una película muy divertida y llena de frases y momentos memorables. 

Como ya muchos saben, la película tiene dos finales, dependiendo de donde se haya estrenado. Personalmente me gusta mucho más el que se mostró en su versión estadounidense, ambientado en un supermercado y que calza mucho mejor con la idea del personaje de Ash como ese héroe improbable a quien no se puede evitar amar. Es este final, además, el que mejor aborda la posibilidad de una hipotética cuarta entrega que nunca llegó y que cada día parece menos probable, sobre todo teniendo en cuenta que ya se ha estrenado el esperado remake de la primera Evil Dead, volviendo esta vez a sus raíces de cine de terror. Y es que debido quizás a lo mucho que se alejó de la saga original, El ejército de las tinieblas fue un fracaso en el momento de su estreno, aunque con el tiempo ha conseguido un culto muy extendido que le ha dado un lugar especial en el corazón de muchos de los aficionados al terror, aunque no se encuentre de verdad en este género.

3 comentarios:

Alfonso Junquera dijo...

Recuerdo como si fuera ayer que cuando sali del cine era el unico de mi grupo de amigos al que le habia gustado, (mejor dicho encantado, alucinado, flipado) la pelicula. Al instante la cataloge comode culto y me parece que asi ha sido.

Cinemagnific dijo...

Muy buena crítica. Yo jamás entenderé tampoco como Bruce Campbell, siendo el pedazo de genio de la mueca que es, nunca llegase a despegar en una carrera más allá de esta trilogía y alguna otra aparición puntual (como en "El gran salto" de los Coen). Una pena.

Li Banquo dijo...

No me gustó mucho. Es como ver a un bufón haciendo payasadas durante una hora y pico. En la Edad Media, los bufones pesados corrían el riesgo de... bueno, de perder peso. Unos siete u ocho kilos, es decir, lo que pesa una cabeza. Esa dieta es lo que se merece esta bufonada de película.